Emociones que no deben perderse; imágenes que se repiten, colores para saborear. Drama y muerte. Vida y amor. Lo mejor de esta histórica libreta de apuntes
COMO no sucedía desde 1985 -cuando la ciudad de México despertó el 19 de septiembre con la Tierra vuelta una fiera letal-, la comunidad entera del país se convirtió en el blanco de un fenómeno imprevisto, que ya produjo cierre de escuelas, de todos los sitios de concentración humana y, por qué tendrían que ser la excepción, de los principales espectáculos deportivos de fin de semana y los que falten por contabilizarse.
Es un buen espaldarazo al optimismo, y contribuye a moderar la alarma colectiva, ver que las autoridades están muy atentas al interés social y comparecen para despejar muchas dudas, acerca de los motivos que tuvieron para tomar todas las precauciones posibles en pro de la salud de millones de capitalinos, y millones más de la población flotante.
Escuchamos que los brotes de la epidemia están controlados, que la cepa del virus está identificada, que se cuenta con los medicamentos antivirales adecuados en el caso de que se requiera atender a los enfermos, y que se han dispuesto cercos sanitarios inéditos, en cualquier lugar por donde el enemigo -que como paradoja es tan pequeño como bestial-, intente traspasar la frontera de la vida humana.
Con cierto recato, aunque con firmeza y dejando en manos de empresas la determinación, funcionarios del Gobierno federal expresaron que: "Los eventos deportivos están dentro del ámbito de la recomendación de no asistir a aglomeraciones. Sin embargo, no hay una prohibición, dado que la mayoría de ellos son eventos privados, pero sí hay una recomendación de tratar de evitarlos", dijo el secretario de Salud, José Ángel Córdoba.
Según cifras emitidas por el Gobierno capitalino, en total fueron cancelados, además de los encuentros de futbol profesional, luchas y toros, aproximadamente 553 actos deportivos, culturales, recreativos y artísticos que se tenían previstos entre el viernes 24 y el martes 28 de abril. Antros, bares y discotecas y cantinas que consideraran factor de riesgo, también resentirían la medida.
Además de realizar a puerta cerrada el campeonato de clavados que se realiza en la ciudad de México, se cancelarían programas en deportivos de las 16 delegaciones políticas, festivales infantiles, un triatlón en el Deportivo Chapultepec y la marcha cicloturista México-La Malinche, entre otras competencias.
FUTBOL A PUERTA CERRADA
Ayer mismo, la Federación Mexicana de Futbol determinó que los partidos entre Pumas y Chivas, que se realizará en el estadio de Ciudad Universitaria (12:00 horas), y el de América contra Tecos, programado para la tarde del domingo (16:00 horas) en el estadio Azteca, se jugarán a puerta cerrada.
Dolerán las pérdidas económicas, sin duda, pero la recompensa social no tiene precio.
"El dinero ahorita no es lo importante", dijo Decio de María. En otra arista del beneficio colectivo, las familias podrán hacer planes para ver los juegos en casa, porque los dos encuentros serán transmitidos por televisión abierta.
La otra opción era que los partidos se pospusieran, pero el Rebaño tiene el compromiso de la Copa Libertadores, y el equipo de Coapa viajará a Chicago para sostener un juego amistoso.
TAMBIÉN LAS LUCHAS Y LOS TOROS
En concordancia con la recomendación gubernamental para evitar las aglomeraciones, empresarios de lucha libre en el Distrito Federal y del Estado de México, cancelaron las funciones correspondientes al viernes.
Las empresas que forman el Consejo Mundial de Lucha Libre y la Triple A, determinaron devolver el costo de las entradas o canjearlas para la próxima función del viernes 1 de mayo.
Quedó pendiente la decisión de realizar o no la función de este domingo en la Arena México.
La Triple A, la función que daría este viernes en el Centro social y Recreativo "El Recreo" de la Delegación Iztacalco, fue reprogramada para el 15 de mayo a las 20:30 horas. También se canceló un festejo por el Día del Niño el lunes 27 de abril en el Hospital Infantil de México "Federico Gómez" y se desconoce si se dará en otra fecha.
Y para todos los taurinos, la empresa que ofrece novilladas en la plaza La Florecita, anunció que suspenderá su programa de mañana, uniéndose así a la lucha contra la influenza, de las que autoridades federales y locales, declaran que tendrá 10 días claves de resistencia en todos los ámbitos de la capital y la zona conurbada.
La novillada se llevará a cabo el domigo 3 de mayo, con el mismo cartel y ganado. Mientras tanto, tomemos muy en serio lo de la influenza y cancelemos también -con cuidados extremos- el juego del azar con ella.
Los problemas de salud llegaron hace siete años. El cáncer invadió su cuerpo; a últimos meses, las radiaciones obligaron a dos operaciones de intestino, la última, el sábado. Eso aceleró la noticia: murió Raúl Ratón Macías.
Uno de los más grandes ídolos del boxeo mexicano, dejó de respirar el lunes 23 en el Hospital 20 de Noviembre, a la edad de 74 años.
Macías, ex campeón mundial de peso gallo, internado estuvo bajo observación luego de ser operado dos veces del intestino grueso.
Fue alrededor de las ocho de la noche.
Y como en aquellas peleas de antaño, las veladoras permanecían encendidas en muchos hogares mexicanos. Orando por su triunfo.
Esta vez venció el cáncer.
Su cuerpo será velado en la colonia Roma. Le acompañarán su gente y los mariachis.
* * *
Martes 24 de marzo. Mediodía. Atrio del santuario de Guadalupe.
En La Villa está por empezar una misa de cuerpo presente al más grande ídolo de todos los tiempos en el boxeo nacional.
Van llegando los familiares, los peleadores de antaño, los promotores... Reporteros inundan con el flash de sus cámaras cada rostro compungido.
Hay tristeza.
Se nota. Surcan lágrimas las mejillas de Natalia Gómez, una secretaria que se regaló unos minutos pero ya se marcha limpiándose el maquillaje.
“Tenía 74 años de edad; fue paro respiratorio, estaba desde hacía una semana en el Hospital 20 de Noviembre”, musita.
Está aquí doña Enriqueta. Ya no tiene dientes. Ella creció en la misma calle del Ratón, Granaditas, en el mero barrio bravo de Tepito.
“La calle era nuestra. Éramos así de pequeñitos, como ése niño –y una mano blanca llena de arrugas indica hacia uno de seis años--. Raúl era muy travieso: le decía a mi hermano, cuando salíamos de la escuela: ´eh, amigo, al rato te espero para que juguemos un rato´.
“¡Noooo!, le prohibía yo. Ése chamaco es bien peleonero. Dice vamos a jugar, pero eso significa tiro.
“Ya más grande, narra esta dama de gratos recuerdos, bajo un sol que abrasa y penetra el corazón cuando un nutrido grupo arremete con las porras, se volvió un buen bailador. Danzonero". Sonrié la mujer.
Ya llega el féretro con el cuerpo de Raúl. La carroza fúnebre arriba al patio de la Basílica y de inmediato es rodeada por fieles y aficionados, que siguen el trayecto del ataúd hasta el centro de la iglesia.
Monseñor Diego Monroy oficiará la liturgia.
Bendiciones, porras.
Vivas y aleluyas.
Llamado a misa: ya te espera la virgen de Guadalupe.
–¿Así que ya te vas, Ratoncito?
* * *
Muchos lo recuerdan por esta frase: “todo se lo debo a mi manager y a la virgencita de Guadalupe”.
Pero tuvo el Ratón otras igual de famosas. Una de ellas, por ejemplo, cuando creó su negocio, una cantina, y sus palabras le pedían a los cuates: “Cuídame la barra, ¡que me dan baje con las botellas!”…
Nadie lo olvida: paralizó el país en cada una de sus peleas.
Arturo Macías, hijo del legendario boxeador, habla con la prensa.
“Fue en dos semanas; murió tranquilo”.
Su mayor trofeo: la Plaza de Toros México, con más de 50 mil aficionados que lo vieron en su victoria ante el estadounidense Nate Brooks, el 26 de septiembre de 1954.
Qué ironía: precisamente el 23 de marzo, día de su muerte,cumplía 52 años de casado con Yolanda Calderón. A ella, hace algunas noches, le susurró:
–Mi amor. El día en que yo me muera, México se va a paralizar. Como en aquellas peleas; como cuando nos casamos…
* * *
Raúl Macías tuvo una destacada carrera amateur que culminó con su participación en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952.
Cuando ingresó al profesionalismo el primero de enero de 1953, con un nocaut efectivo ante Guillermo Sánchez, en Culiacán, Sinaloa, capturó la idolatría de la gente.
En alguna ocasión desayunaron ídolo y reportero en el Vips de Fray Servando, muy cerca de su casa de Balbuena. De buen diente, el Ratón Macías devoró sendos y deliciosos chilaquiles. Y platicó su vida. Una vez más. Como tantas veces ante los medios de comunicación:
“Yo era muy disciplinado. Y cuando volvía de mis peleas luego luego me iba a dormir, porque sabía que al otro día debía ir a agradecer a La Villa, a la virgen de Guadalupe, por haberme dado el valor y las fuerzas necesarias; le agradecía también por mi rival, porque no lo hubiese yo lastimado.
“Y vieras. Partía solito de mi casa, aún no amanecía. Cuatro, cinco de la mañana. Y allí iba yo, andando poco a poco, y saludando a la gente. Quiubas Ratón. Bien hecho, mi Ratón. Y ellos se me pegaban. Y ya cuando agarrábamos Calzada de Guadalupe, no éramos uno ni cien. ¡Éramos miles! Ah… Ese cariño de la gente es lo que me hace feliz”.
La última pelea de su carrera la sostuvo contra Ernesto Parra en febrero de 1959, en la Arena México, y después de imponerse por puntos en 10 rounds, tomó el micrófono para decir que se retiraba. Fue tan sorpresivo: ¿dejaba la la actividad que le dio gloria y reconocimiento? La afición se mostró escéptica ante lo intempestivo del anuncio.
“Le prometí a mi jefecita que me iba a retirar para que estuviera tranquila. Me retiré para evitarle sufrimientos, y a la semana que anuncié el adiós, dejó de existir”.
Su récord profesional: 41 victorias, 25 por la vía del nocaut, con sólo dos derrotas.
Y una espina de idolatría clavada en el corazón de cada mexicano.
* * *
México no sería este país sin Raúl Ratón Macías. O sin el futbolista Horacio Casarín, o sin los toreros Silverio Pérez, Lorenzo Garza, o sin los inmortales actores Pedro Infante y Jorge Negrete; sin los luchadores El Santo y Gori Guerrero.
Dignificó a los pobres de México, a los que menos tienen, a los desposeídos. Tuvo carisma y sencillez.
Raúl Macías Guevara ha sido reconocido como el máximo ídolo en un deporte que ha tenido a figuras como Ricardo “Pajarito” Moreno, José “Toluco” López, Rubén “Púas” Olivares, Julio César Chávez y muchos más.
Nadie como él: educado, sencillo, con un natural don de gente.
“Me consideran la máxima figura del boxeo, me reconocen y admiran, que es lo mas importante para el ser humano”.
Uno de sus máximos orgullos era su casa. Inocente siempre, narró que la suya es una réplica de la residencia del que fuera su representante, Luis Andrade, un próspero ganadero del Estado de Hidalgo, su patrón cuando mensajerito en las oficinas en la calle de Lafragua 13, frente a Sanborns de Reforma.
“Quiero una como la de usted; igualita – le pedí. ¡Y me la mandó construir!”
* * *
¿Qué le diría si lo tuviera enfrente?
¿Qué dirías al Ratoncito?
Responde doña Enriqueta:
“Que siempre fue un buen ejemplo. Que es lamentable su perdida, por que aparte de ser una gloria de nuestro boxeo, era una persona sencilla, preparada y humana. Que desgraciadamente cuando mueren estos ídolos tan escasos en la actualidad es cuando se les quiere hacer los reconocimientos y homenajes que en vida no se les ofrecieron; que descanse en paz Raúl Macías. Mi más sentido pésame a la familia del campeón”.
Debías estar aquí, Ratón Macías. Mirando y disfrutando de tu misa.
Verías cómo te quiere el pueblo, te darías cuenta de que no hay un asiento libre en toda la Basílica. Encontrarías a tanta gente que te conoció y a mucha más que hoy sólo viene a venerarte. A decirte allá nos vemos. A enjugar lágrimas emocionadas por el coro de la iglesia.
Escucharías todo lo que se dice de ti, esta tarde mientras los niños entonan cánticos celestiales y el padre que oficia tu misa, casi rompe en llanto.
Por ejemplo, a tus oídos llegaría esta historia, que tú bien conoces:
“Mi papá –dice un hombre ya mayor– creció en una familia de verdad muy muy pero muy pobre. Al grado de que mi abuela tenía que cocinar con leña. Ellos vivían en las afueras de ciudad de México. Mi padre era un niño y como todo niño uno de sus ídolos era el Ratón Macias.
“Una vez hubo una campaña del gobierno de la ciudad en aquel entonces donde a la gente de bajos recursos se les regalaron estufitas de petróleo para que cocinar fuera un poco mas seguro y cómodo.
“Y para que la gente acudiera, quien repartía las estufitas era El Ratón, el ídolo del momento. Estaba en su apogeo. Y que las regalan todas y que mi abuela se queda sin nada.
“Cómo los vería de amolados que el señor Macías se bajó del camioncito en el que estaba repartiendo las cosas y se puso a platicar con mi abuela. Después se regresó y agarró una de las estufitas que quedaban para otros barrios y le dijo al que llevaba el control:
“…´No te preocupes, al rato yo mismo te la repongo´. Y se la regaló a mi abuelita y a esa santa mujer que era mi abuela se le ilumino la cara. Le dio miles de gracias. Pero cual sería su sorpresa, que al llegar a casa dentro de la estufita el Ratón había metido un sobrecito con algunos billetes y una notita que decía que “nunca perdieran su fe en la virgen de Guadalupe”.
"Mi papá vio a mi abuela llorar por el gesto del Ratón y se regresó a donde había pasado todo, pero ya se había ido la caravana.
“Se quedó con ganas de darle las gracias al campeón. Muuchos años después, por ahí de 1990, estábamos desayunando en familia en el Sanborns de Montevideo, esquina Instituto Politécnico y a unas mesas de distancia estaba el Ratón; obvio, mi padre no dejó pasar la oportunidad, se levantó y fue hacia este hombre a darle las gracias por el gesto que tuvo con mi abuela.
"Sorprendentemente recordaba el suceso. Ahí se pusieron a platicar un buen rato. Yo la verdad no me acerqué, dejé que platicaran. No sé qué dirían, que a los dos como que les dio sentimiento y se les humedecieron los ojos.
|“Y pues la verdad yo me quedaré para siempre con ese recuerdo del que fue no sólo un gran boxeador, sino lo más importante: un gran hombre.
“Hasta luego Ratón, ahí te alcanzamos”.
* * *
Está aquí Víctor Cota, periodista de años. Amigo del Ratón.
“Ningún deportista en nuestro país ha tenido su carisma, su arrastre entre las multitudes para convertirse en ídolo nacional e internacional", dice.
Y recuerda la frase del promotor George Parnassus, quien hacía funciones en California, Estados Unidos:
“Macías es el peleador que todo mundo sueña, que deja gente fuera de las arenas, del Olympic, de El Forum”.
“Raúl Macías fue el boxeador más decente y honesto que conocí en mi vida”.
* * *
Son miles los aficionados que en la Basílica de Guadalupe desean decirte adiós.
Raúl Macías Guevara, están aquí tus familiares, los monarcas y ex monarcas mundiales, la gente del pueblo.
Aquí Humberto Chiquita González, Rubén Olivares, Pipino Cuevas, Carlos Zárate, Jesús Castillo y Alfonso Zamora.
Hay rezos y aplausos.
Son al menos 5 mil personas.
La misa estará a cargo del Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario, Monseñor Diego Monroy Ponce, quien pide a El Señor:
“Recuerda a tu hijo Raúl, a quien llamaste hoy de este mundo a tu presencia”.
“Cómo olvidar la frase del Ratón Macías: 'todo se lo debo a mi manager y a la Virgencita de Guadalupe'. Hoy la virgen recibe a su hijo”.
Adentro y a las puertas de la Basílica, los aficionados te dedican vítores.
“¡Ratón, Ratón, ra-ra-rá!”
“¡Viva México. ¡Viva el Ratón!”.
“¡Gracias, Ratón, allá nos vemos!”
Se aplauden las palabras de Monseñor Monroy.
“Aquí está el pueblo, tu admirador. Aquí está todo Tepito, mi Ratón”.
* **
Es un momento muy íntimo, a pesar de la muchedumbre. Estar aquí, cerca del héroe de mediados de siglo. Escuchar las historias que hasta este atrio han llegado. Saludar y abrazar a los amigos.
Y llorar. Hacerlo porque te vas; porque estuviste.
Porque ante la petición de una última entrevista, respondiste a los comunicadores, en voz de tu hijo Arturo:
“Diles que muchas gracias, que ya hablé demasiado. Que me recuerden siempre como el buen campeón y el buen mexicano por el que tanto me esforcé”.
Y a tu familia, que solloza. Te sobreviven tu esposa amantísima, Yolanda Calderón, y tus hijos Arturo, Olga, y Guadalupe Yolanda. Vas al encuentro de tus otros hijos, Luis Raúl y Jorge.
Cierra sus puertas la carroza.
Inicia el viaje al crematorio.
* * *
Hay aquí un personaje que, diríamos, te vio nacer, Raúl:
Se llama Alberto Reyes y ahora porta el cabello encanecido con el plata de los años. Y cuando te entrevistó para el Esto, en marzo de 1955, te confesaste ante él. No lo olvida. Fue apenas unos días después de ganar el título gallo de la NBA.
Esta tarde de aromas a copal, Reyes remenora tus palabras:
“Cuando me marché, me dijo el Ratón, me fueron a despedir tan pocos, que nunca me imaginé tal recibimiento a mi regreso... En un principio no pude hablar de la emoción tan intensa que sentía y hasta se me rodaron las lágrimas.
“Nunca antes en mi vida había visto tanta gente reunida. Sentía un no sé qué al pensar que toda esa multitud estaba para recibirme. Con todo esto ¿quién no sube a exponer todo lo que tiene y si es posible deja la vida sobre un ring?
“La afición mexicana merece todos mis respetos y el máximo de mis esfuerzos. Ya le he traído una parte del título, ahora sólo me resta luchar por la otra parte para darle a mi México una corona mundial absoluta.
“Todo lo anterior nos lo decía el chamaco Macías al abordarlo en su trabajo. Si apenas había llegado la noche anterior y ya se había reportado a la oficina de su protector Luis Andrade, a continuar desarrollando sus labores de secretario, solícito, sencillo, no como triple monarca gallo e ídolo de México, sino como cualquier sufrido oficinista.
“No había dormido nada y la desvelada se acentuaba en la palidez de su rostro.
“Dijo: esa gente de mi barrio cuántas satisfacciones me ha brindado. El homenaje que me hicieron es para no olvidarse nunca. El gentío era más inmenso que el del puerto aéreo. Yo me sentía un poco asustado, no por mí, si no por todas esas señoras, niños y ancianas que andaban en la bola. Rogué por que no les fuera a pasar nada.
“A mí me querían llevar a otra parte temiendo que me fuera a lastimar la muchedumbre. Pero bonito la hubiera hecho pagarles tan tremenda plancha. Nunca me lo hubiera perdonado y me fui con ellos, a tratar de demostrarles mi agradecimiento. Llegué sin zapatos y sin calcetines a Tepito, pero eso qué importaba, ya estaba con los míos.
“Estuve recibiendo visitas hasta las cinco de la mañana, después me les escapé para irme a la Villa. Tenía que ir arrodillarme ante la Virgen guadalupana”.
* * *
Al rescate de las frases que te definen:
Raúl era una gran persona, seguirá siendo el ídolo más grande de México. Recuerdo sus peleas; cuando estaba enfermo varias veces platiqué con él: Pipino Cuevas.
El Ratón nació con carisma, siempre lo vi contento y nos daba consejos. Adoraba a la virgen de Guadalupe, que estoy seguro lo cuidará. La última vez que coincidimos fue en Veracruz: Humberto Chiquita González.
Su muerte es muy lamentable para la familia boxística. Era muy optimista, alegre, siempre con una broma sana por delante. Lo vi en diciembre; tuve el orgullo de simular pelear con él en una película que hicimos. Lo vamos a recordar con mucho afecto: Rafael Herrera.
Era un gran amigo que me daba consejos. Me decía que siempre tenemos que andar bien vestidos, ser educados, retirarnos del boxeo a tiempo. También me decía que cuidara a mis hijitas. Se nos fue, pero siempre lo recordaremos. Que la virgen lo cuide: José Antonio Aguirre.
En enero lo vi bailar en una reunión de gente de boxeo, fue la última vez que conviví con él y me comentó que estaría en la peregrinación de este sábado. Lo extrañaremos: Martín Bravo, presidente de la Asociación Mutualista de Boxeadores.
* * *
No se diluye el grupo. Persisten las porras. Esperan a que salgas de la Basílica para tomarte una última foto, Raúl, míralos: te adoran.
Yo, después de aquella charla con mi Ratoncito, en los años ochenta, para las páginas de unomásuno, me quedé con un legado tuyo.
Anhelaba, como todos los jóvenes de la época, portar un lindo arete, no sabía precisamente de qué lado, y dejarme crecer el cabello para peinármelo con colita.
El desayuno fue sensacional. Al terminar el último sorbo al café, comentaste, ya en sobremesa y con el único gesto de disgusto en la mañana entera:
–¿Sabes qué es lo que más me choca de estos tiempos en los que vivimos?
–No, campeón –respondí sin esperar lo que vendría.
–Que los hombres se pongan un arete. Eso sí que no lo soporto.
No lo hice. Nunca. Y han pasado los años.
Hoy que te vas. Esta tarde de emociones, en la que sí, tenías razón, México se paralizó como sucedía cuando peleabas, deambulo con la certeza de que alguna vez platiqué con el ídolo más querido de la gente, y una sola palabra emerge de mis entrañas.
Y te la quiero gritar, para que lo escuches hasta ese féretro desde el que nos sonríes:
Aquí voy, trepado en ella. Alejandro, el vendedor, me dice que es un búfalo, pero más bien parece un mamut de tres toneladas y media que consume más de 18 litros de gasolina por cada 100 kilómetros. Es naranja y como son casi las seis de la tarde, el crepúsculo le impone un brillo irrecuperable. Desde que Alejandro sacó a la bestia de la agencia, he venido escuchando su perorata didáctica: tiene un motor de 8 cilindros, 6.2 litros, con 393 caballos de fuerza; su velocidad máxima es de 180 kilómetros por hora; aceleración de cero a 100 kilómetros en 10.2 segundos... Trata de convencerme. Cree que tengo 790 mil pesos que desembolsaría sin remordimiento alguno. Quisiera decirle que mi intención no es comprarla, que lo que busco desde que me paré frente a ella en avenida Revolución es manejarla. Necesito saber por qué esta camionetona es la reina de los excesos. Necesito sentir una Hummer. Quiero ver si tiene razón José Carlos García, un arquitecto de 27 años al que conocí en un autolavado. Bajó temerariamente de su Hummer amarilla como un huevo y me dijo: “La agresividad y poder son asombrosos. Al volante la sensación es de lentitud, pero ves al mundo debajo de ti. Eso es literal. Estás a un nivel más alto del piso. Eres un chingón. Quien tiene una Hummer compra en los escaparates de Mazarik, tiene un piso entero en la Condesa, las Lomas o en Polanco, va al gimnasio y devora a la ciudad. ¿Es una camioneta relacionada con los narcos o delincuentes pesados? Sí, en dos o tres semáforos te detienen para una revisión. Pero eso es parte de la leyenda. En una Hummer se sube Dios o se sube el Diablo”. Alejandro: las llaves, por favor.
* * *
La capacidad de su cajuela es envidiable: al menos caben 29 paquetes de cocaína, ocho radios de comunicación, 12 granadas, 19 armas largas, 22 cortas, 62 cargadores de diversos calibres y 500 cajas de cartuchos... Eso traía la Hummer que unos sicarios abandonaron en el kilómetro 287 de la carretera Ciudad Victoria-Matamoros. Fue el viernes 8 de febrero de este año, cuando la violencia comenzaba a clarear en el país: los integrantes de la Policía Federal Preventiva viajaban en una camioneta Ram Charger y perseguían a una Land Rover y a la Hummer. Fueron 30 kilómetros endemoniados. La policía sólo detuvo a los tripulantes de la Rover, dos muchachos que no pasaban de los 20 años. La Hummer se perdió en la polvareda. Más tarde aparecería abandonada como si los 600 mil pesos que cuesta se recuperaran en un sólo traslado de cargamento. Ahí se supo de su capacidad de cajuela. Es ideal para el trabajo duro.
* * *
Cómo fui a olvidar la cámara para filmar mi soberbia al volante cuando el vendedor me la entrega frente a la puerta Uno de Ciudad Universitaria, al sur del DF. ¿Esto sentía Vicente Fox cuando recorría su rancho en esa Hummer que el ejército le dio en comodato? Aquella que nos presumió a los mexicanos. Una cosa es clara: el ex presidente también tiene cierta debilidad por esta caja fuerte, por este sofisticado juguete. Allá él. Yo voy rebasando sin problemas. El mastodóntico aspecto de la camioneta espanta hasta al más acabado cafre. Acelero. Imponente. Si tuviera entre 35 mil y 75 mil dólares, no los podría derrochar en una H1, diseñada originalmente para el ejército, porque en México sólo la adquiere la Secretaría de la Defensa Nacional. Pero sí podría adquirir una H2, la primera versión ciudadana. Longitud: 5.45 metros y dos metros de alto, para algunos exagerada, para otros llamativa. Parece una locomotora. O una H3, versión reducida pero con todas las características de la original, y desde 2006 el SUV (Sport Utility Vehicle, vehículo de utilidad deportiva) favorito, sobre todo de las mujeres. Voy en el lujo encarnado: enciendo el equipo de sonido marca Bosé y encuentro la inclinación ideal de los asientos de piel; me pavoneo desde la ventanilla a dos metros de altura. Qué buen gusto y qué detalle en los cromos de la consola ¿La hora? Me la obsequia un reloj Bulgari... Viajo en el confort total: las vestiduras son color beige, el volante es de piel, deportivo; el cinturón de seguridad no me atrapa, me consiente. Es el poderío: apenas acelero y ruge, se escucha su fiereza. Todo está al alcance de la mano: una transmisión automática de seis velocidades, que sirve también para carga pesada; dos tipos de tracción controladas electrónicamente. Uno detecta neumáticos derrapantes y aplica frenado a cada uno de ellos de manera individual, con el otro le da mayor deslizamiento a las ruedas cuando se transita por superficies como arena o nieve... No me quiero bajar.
* * *
Un suceso en Mexicali podría alimentar la leyenda oscura de las Hummer. Fue el sábado 19 de enero pasado. La policía municipal encontró calcinada una de estas trocas. La abandonaron. Su osamenta dorándose al sol. El fuego quemó toda prueba de quien la conducía, pero no una certeza: es la misma que arrolló y mató a Luis Aguilar, un agente de la Border Patrol estadounidense. Junto con una Ford, huía de las autoridades estadounidenses por las dunas del Valle Imperial. Y Luis Aguilar, oficial del sector Yuma, fue atropellado cerca de Gray Well Road, al sur de la autopista Interestatal 8, cuando colocaba cintas a lo largo del camino en un intento de detener a los mastodontes motorizados. Aceleró la Hummer y le pasó encima. En ella, se sabría después, viajaban traficantes de personas. Cuatro días después las autoridades mexicanas arrestaron a Jesús Navarro Montes en Ciudad Obregón. Es un coyote, con una orden de arresto pendiente en Mexicali, y el tipo fue acusado de matar al agente.
* * * Es naranja. ¿Ya lo había dicho? Lo lamento, pero esta Hummer me tiene embrujado. Ahora entiendo por qué Arnold Schwarzenegger tiene ocho. De todos los colores. Y para que los ecologistas no lo siguieran “fastidiando” tomó la decisión de colocarles motores que funcionan con hidrógeno. Lo que es el poder. Schwarzenegger no sólo fue el primero en llevar las Hummer a las pantallas de cine sino que también fue pionero hollywoodense en serpentear las calles de Santa Monica y Beverly Hills con estos animales mecanizados. Ya experimentaré yo, cuando flotemos en los lagos de Araro, Michoacán, un espasmo interminable: la Hummer llenándose de fango cuando entra al lago a 90 kilómetros por hora, con el acelerador a tres cuartos, los limpiaparabrisas sacudiendo el lodo y, ante el más ligero volantazo, sus tres toneladas y media se convierten, sobre el agua, en un cisne de más de medio millón de pesos... Sabré por qué intimida ver por el espejo retrovisor que atrás nuestro avanza una musculosa Hummer. ¿Saben por qué? Porque es un acorazado. Porque puede subir y bajar banquetas, camellones, vados, como si nada. Por que cada día las calles amanecen más llenas de estos vehículos manejados por una nueva clase social, por narcotraficantes, políticos, artistas o deportistas. Porque con asientos tan grandes como el sofá de tu casa, te hace sentir como un habitante del Primer Mundo y no como un sencillísimo conductor. Qué emoción. Pero como todavía eso no sucede, aquí voy, sobre Insurgentes Sur. Siento la ligereza de su dirección hidráulica integral en un breve zigzag; sirve para eludir hasta el obstáculo más peligroso. Tiene suspensión delantera independiente con barras de torsión, la trasera poseé gigantes resortes. Es un sinónimo de libertad; sus nuevos rines de aluminio de 17 pulgadas le dan un aire deportivo y sus defensas plateadas delanteras y traseras son tan resistentes como el personaje de La Mole; destaca su aspecto robusto y atrevido. A bordo de una Hummer el mundo es otro.
* * *
Los diarios ilustran los avatares de quien posee una Hummer: la primera aventura de vértigo debe ser desembolsar los dólares. Pero hay más... La H2 es la más grande de la familia: más de cinco metros de longitud, pero sale de la agencia sin blindaje. Así que al recibir los primeros disparos en el costado izquierdo, no hay sino que intentar la huída a bordo de la tanqueta. Pero hay que controlarla... Ocurre en Ciudad Juárez; Chihuahua, cuando apenas despierta marzo. A esta Hummer de poco le sirve la tracción en las cuatro ruedas. Nada puede hacer la caja automática de seis cambios: no es de manejo refinado. Pero el cofre rodante permite a sus tripulantes, con el semblante entintado de muerte, realizar un último intento por huir. La persecución inicia a la altura de Sanborns en la avenida Triunfo de la República. Cuadras adelante la impericia con los casi 400 caballos de fuerza desbocados en la estrechez de las calles lleva a su conductor a incrustarse en una vivienda en el cruce de López Mateos y Melquíades Alanís. La camioneta arranca la ventana y destruye los muebles de la sala. La Hummer, una fortuna de 68 mil 438 dólares, queda bajo el resguardo de la luna. Sus tripulantes son levantados. Es decir: secuestrados, torturados y ejecutados.
* * *
Ahora sí, está sucediendo: estoy en un Hummer Happening. Lo organiza la concesionaria. El objetivo: probar un poco de la gloria de domar a un dinosaurio rodante, pavonearse arriba de los mastodontes, demostrar el poder que otorgan los 4x4. Aquí está Juan Bosco Martínez, un joven y experimentado conductor que logró una marca, en febrero de 2007, en la prueba de ascenso de un sólo intento al Pico de Orizaba: subió una H2 a 4 mil 670 metros sobre el nivel del mar. Su empresa, Bosco´s camp 4X4, es la encargada de la estrategia y logística de los Hummer Happening, una excursión a campo traviesa para sentir el placer de juguetear con estos aparatos Para Juan, el de las Hummer “es un fenómeno muy especial. Es un vehículo que puedes utilizar en la tarde, lo llenas de tierra, y después le das un baño y lo puedes llevar a cualquier cena, a cualquier alfombra roja. Eso no te lo da, por ejemplo, un jeep”. Y revela uno de los secretos financieros: “...El modelo que más se ha vendido en México es el pick up, por el pago de tenencia. Por la H2 SUV pagas más de 30 mil pesos al año; y el impuesto para el H2, pero SUT, por ser de transporte, no supera los dos mil pesos. Y si lo ves por el aspecto físico, es más sport y le gusta más a la gente...” Veamos los precios en México de las Hummer 2008: la más económica, la H3 Luxury: 37 mil 290 dólares; la más costosa, la H2 SUV Luxury: 75 mil 090 dólares (con un año de seguro gratis). –Una camioneta Hummer, es un capricho muy costoso, ¿o no? –Depende de cómo lo veas –responde Bosco–. ¡Es más barata que un Ferrari!
* * * El sábado 26 de abril de este 2008 una caravana de 10 Hummers salió de Morelia hacia el municipio de Araro, en Michoacán: 65 kilómetros. Todos, de acuerdo con las órdenes de Juan Bosco, debían bajar la presión del aire de neumáticos, de 35 a 20 libras, para poder penetrar sin dificultades los sinuosos caminos que nos llevarían sin problemas a la cima del cerro. Para asistir a este happening han puesto a este reportero dos limitaciones: no publicar fotografías de los dueños ni, por supuesto, sus nombres. Es parte de la confidencialidad con la que se maneja este selecto círculo. De acuerdo. Así podré contar que viajaré en el vehículo líder; que estaré a bordo de las camionetas unas ocho horas; que terminaré con dolor de cuello y con los pantalones y los zapatos llenos de lodo; que me subiré a la Hummer y cruzaré el lago un par de veces; que las camionetonas sortearán pequeños pantanos; que por momentos me poseerá el demonio, y que la sonrisa de poseer uno de estos vehículos y llevarlo al límite, es la cereza de la tarde. Conoceré también que las Hummer son vehículos que adquieren, cada vez en mayor número, las mujeres mexicanas. Confía Alejandro Arnáiz, de la concesionaria en Morelia: –Precisamente con la salida en 2007 de la H3 se trató de llegar al mercado femenino. Además, la Hummer fue etiquetada en un tiempo como el narcoauto, lo que hizo que bajaran un poco las ventas. Tuvimos que idear cómo reposicionar al producto y una de las ideas fue la creación de los happenings: es aquí donde, con la ayuda de Bosco´s Camp, les mostramos a nuestros clientes hasta qué extremo pueden llevar a sus vehículos. Y terminan felices... Y cómo no, si las rutas suelen ser fascinantes. En esta ocasión, para comenzar, Juan Bosco lleva a los participantes a que coloquen su camioneta sobre un montículo de arena y cuando, paso a pasito, bajo sus órdenes, los dueños alcanzan los 45 grados de inclinación, la familia estará lista para sacar la foto.
* * * “Las rutas siempre son nuevas –comenta Juan Bosco– y se hacen pensando en la seguridad del participante, pues otros clubes han metido los vehículos a un río en septiembre, cuando sube la creciente, y se han perdido jeeps. La gente se espanta, las esposas se ponen nerviosas y después de una mala experiencia así, no vuelven. “Por eso hay que tener identificados la fecha, el clima, el terreno. Todo eso es muy importante. Por eso se explora previamente cada ruta. Y a cada una se le buscan los caminos más seguros”. –¿Cuáles son la salidas que prefiere la familia Hummer? –Las que le gustan más a la organización y a los participantes son: Real de Catorce, caminos de mina muy viejos, con voladeros de tres mil metros. Ahí vas, subiendo lentamente, y vas escuchando el crujir de las piedras a tu paso. Todo el día es avanzar muy despacio, como un tanque. O las dunas, en Veracruz: 60 kilómetros con elevaciones de hasta 60 metros de altura. Se requiere de mucha técnica. Son rutas profesionales, un terreno nada sencillo, pero con una pequeña inducción de técnica, los participantes van tomando el modo y van conociendo el trazado y el vehículo. Todas son hermosas, pero esas tienen un detalle especial. Están, además, Las Barrancas del Cobre. O Durango. O Baja California, en donde cruzamos los vehículos en el Ferry de Mazatlán y hacemos La Paz-Los Cabos, por brecha, en caminos de la Baja 1000. El escenario es precioso porque son cactus sobre arena muy blanca. Son sitios a los que sólo Hummer te puede llevar. Igual vamos al Volcán Paricutín, que a Amacuzac, aquí en Morelos, muy cerca. Villa del Carbón. –¿Cuál te gusta más? –Guadalajara es muy bonito. Allí en la Sierra del Tigre en Ciudad Guzmán, y lo que es la Laguna de Sayula, hay mucho lodo. Todo el día hay lodo. Son dos días en que amanece lloviendo y termina lloviendo. Es puro lodo tipo mantequilla, muy especial. Las Hummer entran derrapando con las cuatro ruedas y luego se oscurece todo dentro, increíble. Es muy divertido, la sensación es muy agradable. Acapulco, para los del Distrito Federal, es como un edén, y todo mundo corre para allá. Cruzamos el Río Papagayo –que trae un afluente muy interesante– casi en la zona de Barra Vieja, y es casi un metro con 20 centímetros de profundidad, con cierta corriente. Y a veces flota la camioneta. Empiezas aquí y acabas acá. Flota. Y sale... ¡cómo no!
* * * Aquí estoy, ahora ante este pequeño lago de Araro. Llevaré la Hummer a tope en dos ocasiones. Antes, me detengo a observar: la puerta trasera es de una sola pieza, tiene desempañador eléctrico y limpiador de dos velocidades; los espejos retrovisores son eléctricos, plegables, con cristales que también se ajustan eléctricamente, antiempañantes, electrocromáticos (sensibles a la luz) y con memoria. Al interior, los asientos en piel, las consolas centrales y vestiduras con refinamiento en cada detalle. Tiene un panel de instrumentos con acabados en aluminio y, en la parte trasera, controles para aire acondicionado posterior. Pantalla a color Panasonic LCD de 8”, montada en el techo con entrada para DVD, sistema de sonido Bosé de 10 bocinas; bolsas de aire; sistema de monitoreo de presión de llantas, sistema StabiliTrak para estabilización automática, y pantalla de visión trasera; frenos ABS con calibración especial off road, acceso sin llave y encendido remoto. Nada la detiene. Es capaz de dejar el asfalto y cortar camino sobre cualquier superficie irregular gracias a la suspensión de aire autonivelable independiente, que mantiene al interior todo en su lugar. Por su altura con respecto al piso, de 25 centímetros, es capaz de vadear hasta medio metro de agua, y tiene una capacidad de arrastre de tres mil 182 kilogramos. ¿Favorito? El H2, el más atractivo y vistoso del mercado. Por su nivel de equipamiento. Por la amplitud del espacio interior. Por su color naranja, al atardecer. Y porque me empecino: no me quiero bajar. A unos segundos de que la meta al lodo, me lo dice Enrique, del equipo de Bosco´s: “Cuando sientas el agua no sueltes el acelerador, disfruta; volantea para comprobar que tú tienes el control. Sin miedo. Ah, y no te preocupes: la pintura tiene una protección especial contra la corrosión”. Qué pronto me comienza a poseer. Me va transformando. Espanto a un par de caballos que se cruzan en mi camino, dejo atrás otra pequeña laguna y siento que pierdo la Hummer en un pantano; sale gracias a su monstruosa fuerza. Grito. ¡Wow!... Ríe Piedrique, del staff, cuando le pido permiso para volver a hacerlo. Anda, una vuelta más... Y allá voy, con los sentidos exacerbados; el corazón latiendo aprisa. Quiero tomar más vuelo, deseo entrar más rápido al lago. Los volantazos harán que, por unos segundos, esta Hummer, negra por el lodo, sea lo más parecido a un yate desbocado. Otra certeza: se me está metiendo el diablo.
* * *
Los gritos de los niños son idénticos a los que emitirían en la montaña rusa. Pero están en el Hummer Happening Morelia. –¡Písale! ¡Con fuerza! –incitan a Alejandro Arnáiz, quien juega a también ser niño y mete la camioneta a los surcos de un ejido abandonado. Las sacudidas son terribles. Pero lo mismo cruza canales, entra y sale de pantanos; surca vados y sube montañas. La Hummer es sin duda uno de los vehículos más rudos, agresivos e imponentes en el mercado. Todo hombre y por supuesto, muchas mujeres, han soñado alguna vez con tener a la corpulenta del asfalto, cuyas entrañas son lujosas y confortables. –Yo me voy a comprar una color rosa, como la de Fergie, la cantante –revela Marifer con una amplia sonrisa, quien desde que se subió a esta camioneta piensa que no hay vehículo más seguro. –¿No te da miedo de que, por ejemplo, te secuestren? –Nooo. Arriba de una tienes muchas más posibilidades de salir de un ataque así. Hay que manejarla sin miedo. Mi mamá dice que es de raperos y reggaetoneros, pero a mí me encanta... La moda nos impone cosas que la mente racional, en su sano uso, desecharía. La gente la compra, pero la mayoría nunca se mete al lodo, o intenta cruzar el monte, y ya no digamos a una zona de combate. Es uno de los vehículos más llamativos que se han fabricado. No hay una sola persona que no voltee a verlo con asombro, por su exterior, por sus colores o por sus imponentes dimensiones.
Prueba siguiente, para el asombro de sus propietarios: flexión de suspensión trasera. Traducción: meterán su Hummer a una profunda hondonada hasta el punto de que la llanta derecha trasera se eleve más de un metro y medio. Riesgo: elevado. Satisfacción: garantizada. ¿Sabrán que su origen se encuentra en la necesidad militar de contar con un vehículo capaz de ir a cualquier lugar y hacer casi cualquier cosa? ¿Sabrán que su nombre deriva de High Mobility Multipurpose Wheeled Vehicle, es decir, vehículo de ruedas multipropósito de alta movilidad? ¿Sabrán que en 1991 se consagró en la Tormenta del Desierto, como George W. Bush llamó al ataque contra Irak? –El próximo happening es en Guanajuato. ¡Inscríbanse! –invita Juan Bosco. Cuatro de diez levantan la mano.
* * * De vuelta a la Hummer naranja, unos días antes de ir al happening. Alejandro dice que todo el mundo las ama. No es cierto. He leído que también se les odia. Por ejemplo, para el periodista Dan Neil –ganador del premio Pulitzer por sus ácidas críticas de autos en Los Angeles Times– el H2 es uno de los peores autos de la historia, no por su desempeño sino porque considera un despropósito haber lanzado este vehículo en una época en la que se avecina la escasez de petróleo, y justo dos años después de los atentados del 11 de septiembre, cuya connotación también está relacionada con la guerra por este recurso no renovable. Por eso no dudó en catalogarlo como un “rencoroso reaccionario”. En el reporte 2007 Initial Quality Study de la agencia de estudios de mercadeo automotriz, J.D. Power y Asociados, una lista que reconoce a los mejores automóviles en materia de calidad, la Hummer aparece como una de las que más quejas reciben por parte de sus consumidores. Los peores números según la encuesta hecha a 97 mil conductores de coches y camionetas son para: Land Rover, ex filial de Ford (un total de 170 problemas reportados por cada 100 unidades), seguida de Mazda (163 para cada 100 unidades) y Hummer (162 por cada 100), Jeep (161 por cada 100) y Volkswagen (160 por cada 100). Pero otra verdad es lo que dice José Carlos, el dueño de la Hummer color huevo: “Es un magnifico invento de la tecnología moderna. Con solo verla te tiemblan las piernas. Imagínate subirte, y todavía mejor... manejarla. La experiencia es única, te sientes una estrella de Hollywood o una chava muy buena, todo mundo te voltea a ver, hasta los güeyes. Ya te imaginarás el pegue que te cargas, bueno, tú no eres el del pegue, y en ti no se fijan, sino en tu Hummer, pero sirve de gran ayuda al momento de ligar. Ahora, que si la Hummer hablara, primero te abandona”. –Hay que ser imbécil para comprarse un auto que sólo sirve para quemar combustible al ritmo de un avión –dice Alberto Pérez Ramos, experto en mercadotecnia y simpatizante de Greenpeace. “Con el cambio climático sobre nosotros, tanto la gente como los fabricantes de automóviles deberían tomar conciencia sobre el medio ambiente. Traer una Hummer es una irresponsabilidad”. Ya han surgido lo mismo movimientos en contra. Cuenta Alejandro Arnáiz que en California a un individuo se le ocurrió, en su muy personal combate anticontaminación, quemar 40 Hummers de una distribuidora. En algunas partes del país se organizan rondines entre adolescentes con la consigna de ponchar las llantas de las Hummer o romperles los cristales. O ambas. Y todo: “Por el medio ambiente”.
* * *
Se escucha en la radio policial, en Culiacán. Es la noche del lunes 29 de julio: --Hay un ejecutado La Primavera, al sur de la ciudad. Los elementos de la policía estatal, detallan el hallazgo: presenta disparos, y cerca del cadáver hay casquillos calibre .9 milímetros. De inmediato diferentes corporaciones policíacas se trasladan al camino de terracería que conduce al dique La Primavera, y a espaldas del sector residencial, encuentran, efectivamente, el cuerpo sin vida de un hombre. No saben que, agazapados, les espera un grupo de sicarios. Ya en la brecha, levantan el informe: el occiso viste playera gris, pantalón negro y tenis tipo Converse; es moreno claro, robusto, y de 1.60 de estatura, aproximadamente... Cuando de pronto: bang. Uno, dos, tres bangs. Les disparan. Escondida en el camino, una Hummer blanca con varios individuos a bordo, al ver las patrullas, no lo dudan: aprietan el gatillo de sus armas; rafaguean a los policías. Y aceleran. Nadie más muere. Comienza entonces, por un lado, la huida; por otro, la persecución. Por ambos, los disparos no cesan. Pero esta vez la Hummer en la que, en teoría desaparecerían los delincuentes, termina volcada. Porque rápidamente acuden todos los uniformados de Sinaloa: soldados, policías federales y corporaciones locales. Y reportan que fueron los sicarios quienes iniciaron las ráfagas. Que se internaron en un fuego cruzado, que los gatilleros huyeron por diferentes rutas, por lo que los agentes comenzaron a seguirlos; que durante la persecución, el conductor de la Hummer giró hacia una zona de matorrales, que eso le llevó a perder el sentido de la ubicación; que el vehículo blanco, la enorme Hummer, golpeó contra un árbol; que se volcó. Pero también reportan el colmo: que, aún así, los sicarios que la tripulaban, huyen a pie.
* * *
Las cifras de la General Motors dicen que hay casi cinco mil de estas camionetas circulando en México. Se refieren a las vendidas en el país; habrá que aumentar las que legal o ilegalmente entran por las diferentes fronteras. Llegaron a México el primero de agosto de 2004. Comercializadas con el modelo H2, únicamente se vendieron 160 unidades, con seis distribuidores: ciudad de México, Guadalajara, Tijuana, Puebla, Chihuahua y Culiacán. Para el 2005 aumentaron a 18 los distribuidores y las ventas a mil 47 unidades; en el último trimestre de ese año fue lanzada la H3, lo que quiere decir que la H2 fue la que sostuvo la mayor parte de las ventas. Ya en 2006 se comercializaron los dos modelos, y eso se vio reflejado en los resultados: más de 2 mil 400 unidades vendidas, con una demanda importante de H3 y un destacado crecimiento de distribuidores. Y en 2007 se vendieron más de mil 800 unidades, con más de 22 distribuidores. Para uno de ellos trabaja Alejandro. E insiste en venderme la Hummer naranja. ¿Le confieso que sólo necesitaba descargar esa adrenalina que han de experimentar los familiares del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuando manejan una? No, demasiado tarde. Tan tarde como el llamado de Chávez a detener en su país esa “Revolución de las Hummers”. Trece de cada 100 vehículos comunitarios que se venden en México son Hummer. La marca aspira a que sean 18 por cada 100. Es un gladiador del asfalto, con el porte de monarca.
Y muchos le rinden culto. Cada día nacen en internet sitios dedicados a recopilar todas las excentricidades que se le pueden realizar, como bañarla de oro, colocarle piscina, alargarla a tamaño limousine, levantarla a tres metros del suelo, propulsarla con hidrógeno; o pintarla de rosa. La mayoría de los compradores son hombres con formación universitaria, ingresos superiores a los 100 mil pesos mensuales y un parque automovilístico que incluye al menos otros dos automóviles de clase cinco estrellas.
* * *
En las calles de Santiago Papasquiaro, es seguro, el diablo viaja en Hummer desde 2007. La leyenda dice que una Hummer azota a este pueblo duranguense: cada vez que merodea por las calles son levantados algunos pobladores. Todo es por una cacería de puchadores, de vendedores de cristal. Los distribuidores quieren de nuevo a la cocaína como la droga que pulverice las fosas nasales de la región. Y para eso, hay que eliminar a los necios. De octubre a la fecha al menos tres personas han sido trepadas a la Hummer, al baúl de la muerte. De ahí que cuando por las noches ronronea el motor V8 no se duerme en Papasquiaro. Rafael Luna se durmió y ese fue su error. El pasado 10 de febrero amaneció tapado con una cobija; los de la Hummer lo levantaron, le pegaron múltiples disparos y se desangró durante toda la noche. Tenía 46 años, y era vecino de Tepehuanes, empresario y presunto colaborador de la PGR; le hicieron cavar su propia tumba. Otro de los levantados fue Melesio Ceballos Duéñez, de 45 años, propietario de un bar, ganadero. Y uno más: a Francisco Ramírez, “el Negro”, simplemente lo semienterraron en un paraje solitario. Oscurece y todos se meten a sus casas en Santiago Papasquiaro. Un ronroneo de 400 caballos de potencia se mete por las ventanas y estremece hasta a las peores pesadillas.
* * *
Ahora te toca a ti. Sube. Te espera una cabina que combina la piel de los acabados con perfectos trazos en metal que decoran el equipo Bosé y enmarcan una serie de botones que lo mismo accionan el remolque con capacidad de 3 y media toneladas que la tracción en cada una de sus ruedas. Es automática. Una pequeña pantalla de video aparece al lado derecho del espejo si metes reversa. Pequeño rugido al motor, apenas para apreciar el sonido de sus 8 cilindros. Nada que ver con los 125 caballos de tu Neón; a este tanque urbano lo mueven casi 400 caballos de fuerza. Es el auto emblemático del hombre moderno. Quien lo compra es porque quiere llamar la atención, revela Alejandro, el vendedor. En su nombre se rinde culto. Todas las voces lo mencionan, para bien o para mal. Es toda una inversión: 25 mil pesos de seguro anual; más de 30 mil de tenencia. Y la gasolina... No en vano a las empresas, muchas veces, les conviene más rentar uno de estos vehículos aunque paguen cantidades superiores a los 150 mil pesos mensuales. Ahí estás –la piel de los asientos es calefactible–, escuchando a U2, metiendo drive, acelerando. Surca con una suavidad pasmosa el circuito del estadio; es silenciosa. No te detengas a pensar en el gasto de combustible y pisa fuerte pues no cede ante ninguna curva. No cruza los topes, los deja atrás. Y sí, estar al volante de una Hummer te da importancia. El vendedor acepta que son un lujo sólo apto para artistas, políticos, empresarios y narcos. Tomas Insurgentes hacia periférico y regresas en el trébol. No hay necesidad de ir a fondo, su desplazamiento es tal que nadie te alcanza. – Además, todos te voltean a ver. Todos. Y sí, algunos están distraídos, otros las odiarán, pero durante 20 minutos te voltearán a ver, con curiosidad por descubrir tu rostro, al menos 15 personas. –¿Cuánto por este modelo? –Es una H2 2008: 790 mil pesos. Y tengo una ganga, deberías de aprovechar. Es una azul delfín del 2007; te la dejo en 670 mil. ¡Un regalo! Piénsalo, no te vas a arrepentir... Tomas los lavaderos de Ciudad Universitaria para volver hacia Revolución; no has incomodado a nadie con el tamaño. Salvo la señora del Civic azul que invadió tu carril sin proponérselo – “qué osada” dirá Alejandro–, nada perturba tu prueba de manejo. De vuelta hacia la agencia volteas a verte en las grandes vitrinas y sí, estás a bordo de una Hummer, sientes su confort, su lujo, aún discutible para un auto de categoría premier, con la leyenda de sus ruedas de 22 pulgadas y una nutrida historia de aventuras en Irak. Te subiste a una. Pudiste rebasar a un par de enanos cuya marca ni recuerdas; era naranja, casi daban las seis de la tarde cuando el vendedor finalmente, tras el papeleo de rigor, te entregó las llaves. Es un monstruo del camino, es fascinante. Su manejo es similar al de un vehículo cualquiera, lejos quedaron los burdos y rudos acabados de su antecesor, el H1, y no te queda duda de que la marca en 2008 sólo simboliza glamour. Cuán poderoso te puedes sentir sólo por estar trepado en una Hummer. –No es la gran cosa –dirá quien esté acostumbrado a conducir vehículos todo terreno de gran lujo. Quizá sea cierto. Pero verte conduciendo una, sentir la velocidad del viento meterse por la pequeña ventanilla lateral, cruzar los pantanos o colocarla a 45 grados de inclinación sobre enormes rocas, en fin, saberte a cargo de un Vehículo de Ruedas Polivalente de Alta Movilidad creado para el exterminio, es algo que te deja una amplia satisfacción. No dormirás pensando en que a una Hummer se sube Dios y se sube el diablo. La que me volvió un demonio fue color naranja. Olvidé mi cámara y pronto se acabó el crepúsculo.
En diciembre sucedió algo inesperado, doloroso; atroz. Pero natural. Se fue la mamá de Alex. Días difíciles los que se sucedieron. Días en los que la tecla es un aliado. Esto surgió de las manos de Alejandro Almazán; me lo compartió, y yo, indiscretamente, pero con orgullo de hermano, lo comparto. Y como él, digo: Gracias, mamá.
Apostillas sobre la muerte de mamá
1
Pensarán que la muerte me arrambló la certeza, pero créanme si les cuento que yo sí he visto a un ángel. Fue desde que nací en el hospital de La Raza. Lo reconocí porque olía y sabía a mí. Luego me enteré que se llamaba María Elena y que sería mamá y papá durante treinta, cuarenta años. Ya había demostrado que podía con tan duro encargo: un padre alcohólico, una madre que salió huyendo sin remedio, y un esposo que no amó suficiente le dieron ciertos argumentos a quien la envió de que ella era capaz de aplastar toda pesadumbre.
Entonces nos conocimos, me presentó a mis dos hermanos y todos nos amamos súbitamente. Jorge, Carlos y yo nunca lo hemos dicho, pero supongo que desde aquel tiempo supimos que mamá había chocado en la tierra para cuidarnos. ¿O cómo es que podía pasar interminablemente alrededor nuestro? ¿Cómo le hacía para que, en un parpadeo, le entregara su vida a mis hermanos e intempestivamente estaba conmigo para llevarme al hospital y luchar juntos contra la fiebre reumática, la tifoidea, la hepatitis, los huesos rotos? ¿Cómo es que tomó el riesgo de dejar sus ojos en una abarrotería para sacarnos adelante? ¿Por qué su bondad superaba a sus rencores?
Definitivamente, eso sólo podía hacerlo un ángel.
Si un día hasta voló para que no quedara duda ello. Les juro que no es desvarío. Ocurrió cuando ya estaban maltrechas sus alas. Por eso se ayudó de un avión. Y ahí íbamos, encontrándole formas ocultas a las nubes. Creo que también intentó buscar a algunos de sus compañeros. Hubieran visto esa tarde con un sol irreparable, con la mitad del rostro oculto, nimbado, y mamá diciéndome que allá, en esos rayos anaranjados que encandilaban, estaba Dios.
El mediodía del uno de diciembre de 2007 mi ángel tomó su equipaje y volvió a volar. Quiso irse solo.
Se fue cuando menos falta hacía, cuando más falta me hace.
2
Me puse a llorar como un bebé cuando el médico nos dio la noticia. Nos sacudió el hachazo porque teníamos la idea de eras un tronco invulnerable. Ya ves: dos veces venciste a la muerte. La más temeraria fue cuando un miserable te arrolló y todos los vivos te arreglaron los huesos. Esta vez, sin embargo, la cama 13 era un mal presagio. Y ocurrió. Entonces mi cuerpo se volvió de goma. Se me entumeció el cerebro. Nunca había sentido tan grotescamente que un hospital se me viniera encima. Pinche dolor, debería de ser como cuando te quitas una gasa: de un solo tirón. Y así empezaron a crecer llagas en nuestros cuerpos. Supongo que un día serán costras, nunca cicatrices. Hoy todavía no sucede. Todavía no. Me propuse dejarme ir en llanto, a empaparme el alma. Un día ya no veré el negro semblante de la tierra. Pero hoy todavía no.
3
Malquerida diabetes hija de puta:
No sé por qué te divierte arrojar dardos a la sangre, a los riñones, al páncreas, al hígado, a los ojos, a los oídos. Me das tanta pena. Eres de la peor clase de asesinos seriales ni siquiera te atreves a mostrar la cara. Perra cobarde. Ah, pero un día, como todos los canallas, también morirás. Y habrán festejos con chocolates, ponche, helado y pastel. Mamá ya lo está haciendo porque no te permitió que le arrancaras nada. Se fue completa y durmiendo. Ni siquiera una uña pudiste arrebatarle. Por eso entiendo tu enojo. Resígnate, muerte puta. Debes aceptarlo: la Chata fue más chingona que tú.
4
Mensaje uno de mi hermano Carlos:
Repentinamente el viento sopló toda la noche y la lluvia inundó los verdes prados anegando todo. El pastizal no volverá a ser el mismo, aunque se seque la tierra y vuelva la vida silvestre a las estepas. Las lágrimas desgarraron el cielo, las nubes, y llevaron el ocaso al amanecer… Algún día todo reverdecerá, pero no se descansará igual en ese lugar. Ella encontrará la paz y se encontrará con quienes la amaron ayer. Sólo deseo que en paz esté y no la molesten. Mi mamá murió dejando un hueco imposible de llenar y este mensaje es para compartir y gritar mi tristeza.
* * *
Mensaje dos:
Mi cuarto es blanco en cada esquina. Hay una ventana frente a mí, pero el sol entra por una rendija. Desperté cuando ya era de día. Me encontraba envuelto en cobijas. Sus pliegues aparecieron frente a mis ojos, azules como las sábanas, lejanos y tantos que parecían cadenas de montañas. Y a través de esos montes, luego la ventana, luego la rendija, vi al sol asomarse, saludarme, diciéndome que la vida seguía. Fue como ver el alba a través de mis cobijas; además, la felpa parecían arbolitos distantes. Y afuera el ruido mundano se percibía. Los pajaritos cantaban una canción que no conocía, pero seguro hablaban de mi mamá porque se oían felices. Un perro ladrando había; era de un pastorcito que en los montes protegía a las ovejitas. Y también escuché a una vaca jugando entre los montes. Bueno, era un claxon de un auto que afuera corría. Pero todo esto me ayudó a saber que hay un nuevo amanecer porque el sol vi nacer en el edredón vuelto tropel.
5
No sé si ustedes lo acostumbren. Yo sí. Por eso me duelen las ganas de tocar a mamá. De verla, de abrazarla, de besarla, de decirle cuánto la amo, de contarle mi día y viceversa, de escuchar su voz a las 11 de la noche para decirme que estaba bien, de comer con ella, de llevarla a Cuernavaca para que le llore a mi abuela, de componer sus series de luces chinas para su árbol de navidad, de desearle feliz año, de fotografiarnos, de reírnos juntos, de que vuelva a advertirme que deje el cigarro, de que me pregunte por los otros que a mí no me interesan, de acompañarla a ver a San Judas Tadeo, de ir juntos a comprarle sus zapatos, de oír sus historias que siempre me asombraron, de verla en su tienda carcajeándose mientras se burla del fúbol, de que con su mal hablado lenguaje me brinde confianza, de que me toque, de que me vea, de que me abrace, de que bese. Hasta tengo ganas de escuchar a la Sonora Santanera y verla bailar y cantar.
Tengo ganas de tanto. Pero cuando me quedo solo lo único que hago es esperar a que eso suceda. Y no ocurre. Quizá porque lo hicimos y, aunque nunca será suficiente, fue la ración que nos tocaba.
No sé ustedes. Pero yo sí lo acostumbraba. Tal vez es tiempo de nuevos hábitos. Llámenla. Y tóquense, abrácense, quiéranse. Eso me enseñó mamá.
6
¿Debía partir ahora? ¿La raya de su vida debía terminar a los 65 años? ¿Debía caernos como un rayo un diagnóstico desahuciado? Seguro lo sabré un día. Hoy sólo pienso que mis hermanos tienen razón: mamá ganó el Super Bowl y se retiró. Tomó sus cosas y le dijo al mundo: ciao, me voy en el mejor momento de mi vida, cabrones.
7
A muy pocas personas se les concede una muerte poética. Mamá tuvo ese privilegio: cuando llegó al hospital y se trepó a la cama, dijo que la dejaran dormir, que tenía mucho sueño. Imagino que sigue soñando. Y no voy a interrumpir su duermevela. Ni con el llanto.
8
Mi hermano Jorge nos dijo que siguiéramos las recomendaciones de Jaime Sabines y no enterramos a mamá. También nos pareció insano echarle tierra y ver cómo el enterrador, en cada palazo, le decía a mi gordis que de ahí ya no iba a salir, que se resignara a las larvas. Sí, nos dolió cremarla. No es fácil verla reducida a cenizas dentro de una urna de rojo roble que llevamos a casa. Pero creemos que así le daremos la oportunidad de revivir y que ande cuando ella quiera.
* * *
Los vecinos nos dijeron que se acostumbran rosarios y quién sabe qué otros malos hábitos. Mamá era católica y no pudimos negarnos a ofrecerle misas. Entonces llegó la gente, buena y mala, a rezarle. Ya lo sabía, pero ahora lo confirmo: mamá se fue liviana como la neblina. No cargó con rancios fantasmas porque nunca odió a nadie.
9
Soy un zombi. Quienes me han visto me recomiendan que coma, que duerma y me dicen la estúpida frase que inventaron los estúpidos: échale ganas. Sé que debo llorarle todo, que sólo así las llagas podrán volverse costras. Sé que este vacío se impone de un modo tan determinante que impide cualquier bienestar. Pero tampoco quiero que mamá me vea de esta forma porque va a pensar que me derrumbé, que no aprendí la lección de sortear la quejumbrosa vida. Al final, estoy dispuesto a quedarme hasta sin uñas por llorarle. Luego entonces, como dicen mis hermanos, y sólo luego entonces, los tres habremos de escribir una historia insuperable. Una de ésas que mamá podrá presumir. Ya la escucho diciéndole a la gente: a mis hijos no los cambio.
PD: Seguro ustedes tienen en casa a un ángel. Lo van a saber porque es el único que les perdona todo. Porque cuando lo miren, él mirará a través de ustedes. Porque cuando hable, hablará de ustedes. Porque sólo con él, como dice U2, el día mantiene su confianza y la noche es suficiente.
Yo, por lo pronto, sé que mi ángel chocó con la tierra para cuidarme. Por eso, ahora que voló, cómo no lo voy a extrañar.
De tomarte entre mis brazos y sentir tu piel desnuda sobre mi pecho, tu abrazo alrededor de mi cuello y yo perdido en la hasta entonces alineada cabellera. De tenerte. De hacernos uno despacio, con mis manos en tu rostro y laspalabras como sortilegio. O rápido, entre gritos y dolor depantorrillas. De que mis manos viajen por cada una de tus profundidades; de encontrarte. De sentir humedades prometidas. De mordidas a los dedosde los pies. De besarte. De recorrerte con los labios, poro a poro. De llenarte. Muero de ganas. Muero de ti.
Si abres mi perfil, encontrarás en grupos, textos, crónicas, reportajes... La esencia de la vida; la exacerbación de las sensaciones. La felicidad. Qué decir de mí, que me encantan varias cosas en la vida, como la investigación, la lectura, la música, la velocidad y una gran cantidad de aromas y sabores. Pero sobre todo me apasiona escribir y, lo más importante, ser amigo, ambas, lo que mejor me sale. Si me necesitas, ahí estaré.