El azoro infinito



Todo puede suceder; todo sucede...


Pedro Díaz G. /Enviado

Las Vegas.- Su nombre podría significar progreso. Desarrollo. Evolución. Un siglo tiene apenas esta ciudad en la que, aseguran quienes viven aquí, todo lo hay: hoteles inimaginables, tiendas de souvenirs, sexo a domicilio, discotecas, vida nocturna, incesante trajinar, tráfico vehicular; dinero.
Y nada la detiene.
El secreto de Las Vegas radica, principalmente, en las leyes del estado, que permiten sin pudor cualquier tipo de apuesta por ingeniosa y ocurrente que sea.
Todo se vale en el afán permanente de vencer al otro en esta interesante lucha, llamada por los mismos propietarios de las grandes cadenas hoteleras, “la pelea del siglo”: esa que enfrenta a la capacidad imaginativa de sus ejecutivos y diseñadores.
Casi enfrente del nuevo Bellagio, Aladdin, aquel tradicional resort, no existe más. Su lugar lo ocupan, por el momento, grandes mantas con publicidad del hotel que próximamente reabrirá sus puertas con un nuevo concepto (“dos noches gratis, por inauguración, infórmese”). Pero ahora, nada hay, ni un solo piso siquiera que permita ver en qué momento va la obra.
No importa.
Porque imagen recurrente es, entonces, ver por toda la ciudad enormes grúas, plumas de construcción que casi religiosamente acomodan cada pieza de lo que serán los nuevos destinos del turismo, en poco, muy poco tiempo.
¿Tráfico?
La solución viene pronto.
Ya se piensa en un segundo piso.
Las Vegas es diversión, entretenimiento, fascinación.
Pero también cultura: una docena de museos cumplen los anhelos de sus visitantes y tan sólo el Las Vegas Art Museum, inaugurado en 1997 posee una librería cuyo costo se calculó en 20 millones de dólares; el complejo todo es una de las más avanzadas obras maestras de la arquitectura.
¿Volar?
En el número 200 de la calle Convention center un túnel de viento con ráfagas de 190 kilómetros por hora permiten que el turista flote como si saltase en paracaídas (descuento a los Very Important People).
Es Las Vegas un gran oasis enmedio del desierto, en donde todo puede suceder. Todo sucede.
Es la ciudad del azoro infinito.

* * *

La vida no se detiene.
Bellagio y su inversión de 1.6 billones de dólares ha causado tal expectación que nunca antes en la historia el New York Times había enviado a cobertura alguna en su tipo a su equipo de los seis mejores periodistas para que describiesen cada rincón, cuidadosamente detallado de este hotel que, por lo elevado de sus tarifas, por supuesto, le brindan un poco más de status al visitante. Shows como el Cirque du Solei se contagian de la fastuosidad, y como producirlos tiene un elevado costo (90 millones de dólares, el precio de la producción) la entrada, oh Dios, asciende a 100 dólares por persona. Chefs especializados, diseños exclusivos de Chanel, Hermes, Armani...
Calcula el grupo empresarial que las ganancias serán, aproximadamente, de un billón de dólares por año.
¿Qué hacer ante Bellagio, la nueva obra que realizaron los de Mirage Resort (que abrieron el Mirage apenas hace una década)?
Carl Icahn, el propietario del Stratosphere traerá un show australiano que ha sido un éxito: Tap Dogs; ya piensan en remodelar el hotel, hacer más habitaciones, remodelar las áreas de apuestas.
El Mandala Bay que abriría en esta Navidad, ha tenido que aplazar su inauguración para marzo de 1999. Aladdin, donde nada hay ahora salvo las mantas que anuncian que ahí estará, promete su funcionamiento para 1999. Venetian, con 3 mil habitaciones, abre en abril.
Y los de Hilton apuestan al futuro: París Resort, la nueva maravilla, abre en septiembre. Sobre el Las Vegas boulevard, y frente a Bellagio y su lago artificial con fuentes brotantes, se yergue, con peculiar majestuosidad, en apenas su segundo nivel, una fiel copia de la Torre Eiffel.


* * *

Las Vegas.
Hay juego. Tráfico. Sexo para llevar, discotecas que no cierran. Artistas. Magos. Y hasta Michael Jordan, a quien contrataron los de Bally´s, otro de los grandes hoteles, para una singular reunión.
...Y un azoro que no se acaba nunca.

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